De cómo acabé en la obra. Parte IV


Cuarta parte de mi épica saga de aventuras, donde describo la temporada 2013/2014, uno de los años mas intensos de mi vida. ¡Esta vez si que llegamos a la obra!

Madrid

Como decía, mi aventura capitalina empezó con buen pie. Un buen piso, en buena zona, un horario bastante cómodo, un primer semestre interesante, algo de dinero para gastar. Hubo, no obstante un pequeño contratiempo: Según la ordenación académica, las practicas remuneradas del Master se realizaban entre el primer y el segundo semestre.

El problema es que el sector estaba como estaba y la universidad solo mantenía convenio con UNA, una, 1 sola empresa. Casi me caigo cuando me entero. Para mas inri, el acuerdo  consistía en lo siguiente: Cuatro horas de formación los martes por la tarde hasta Diciembre. A partir de Enero, dos turnos de prácticas en los que nos iban a colocar a los veintitantos alumnos del Master. Veintitantos.

¿Veintitantos alumnos?

No es normal tal cantidad de afluencia en un postgrado, y menos en esa especialidad y año. Lo que pasó es que en República Dominicana ofertaron una beca para realizar un postgrado en Europa a estudiantes de Arquitectura. El Master que les becaban era el que había elegido yo. Así que coincidí con unos 10 dominicanos, y otros tres alumnos mas de América latina. Mas la decena de españoles, pues nos juntamos unos cuantos.

En principio no me hizo ni pisca de gracia. Por contra, al final fué una suerte, porque conocí gente increíble en el Master y me lo pasé genial con ellos. Pero me preocupaba entrar en una empresa a hacer practicas en esas circunstancias. No se tomarían en serio a los becarios si saturaban los puestos. Me veía otra vez como en mi última etapa en Pechina, sin nada que hacer. Y, por supuesto, sin la oportunidad de competir por un puesto. Y, si recordáis, esa era la razón por la que estaba allí.

Mi promoción de master. Grandes amigos y compañeros!

Mi promoción de master. Grandes amigos y compañeros!

Pero el mundo es de los valientes. Y, ya que estaba allí, debía aprovechar la experiencia y conseguir la mejor posición posible, aunque la cosa no pintara bien. El Master fué una gran experiencia aunque la verdad es que no aprendí demasiado. Por tres razones:

  • La innovación tecnológica no está, precisamente, a la orden del día en este sector. El temario no era útil, laboralmente.
  • Como prácticamente todos los docentes universitarios, los de este máster estaban desconectados de la realidad del mercado laboral.
  • El programa no estaba muy pulido que digamos.

Pero en cualquier caso, le dí bastante caña a muchas cosas interesantes: Simulaciones de rígidos y fluidos por ordenador, acústica, ingeniería de materiales, estructuras, etc. El mayor provecho lo saqué en el ámbito de redactar trabajos, informes, email, cualquier tipo de comunicación. Aprendí a documentar, estructurar y plasmar una investigación. Ademas, me quité el miedo a hablar en público y aprendí a organizar equipos de trabajo. Por todas estas asignaturas transversales, considero invaluable todo lo que aprendí allí.

¿Y lo de programar?

A principio de curso, un día navegando por internet me crucé con el anuncio de unos tal Walker Boys. Entre otros recursos, ofertaban gratuitamente un curso de desarrollo de videojuegos en Unity que parecía bastante completo. Unity es un motor de videojuegos que ofrece planes para usarlo de forma gratuita. Lo conocía de refilón, de haber leído algún articulo, pero nunca lo había intentado. Me gusta programar, me gustan los videojuegos, tenía bastante tiempo libre dado que no tenía practicas hasta el tercer trimestre ¿Por qué no intentarlo?

Me puse con aquello y descubrí un mundo maravilloso. Hasta hoy, cuando tengo algún rato y me apetece programar, es con Unity con lo que me quito el «mono». No me he tomado ningún proyecto demasiado en serio. En serio al punto de plantearme el publicarlo. Aunque aquel año desarrollé una demo jugable para un concepto de juego de puzles competitivo, BLQ:

BLQ (o blocu)

2014 BLQ

2014 BLQ

BLQ era un sencillo juego para Android en el que dos jugadores se enfrentaban por el control del tablero. Cada jugador maneja unos cubos que se pueden mover una casilla por turno. Los turnos se van alternando entre jugadores. Un cubo puede subirse encima de otro si son de la misma o menor altura, y si este es del contrario se toma control del mismo. Así, el jugador va montando torres intentando dominar a su oponente. Ademas, si dos cubos se mantienen a un bloque de distancia sin moverse durante 10 turnos, se genera un nuevo cubo. El objetivo final es llegar a 10 cubos o convertir todos los del rival.

Un fin de semana, de casa rural, se lo mostré a mis amigos y el concepto gustó mucho. Finalmente, abandoné el desarrollo a mediados de curso por falta de tiempo. Pero aprendí un montón llevando a cabo este proyecto y fue mi primera incursión en algo que ahora es uno de mis principales hobbies. Algún día escribiré una entrada sobre las distintas ideas que he tratado de implementar con Unity desde entonces.

Practicas como Ayudante de Jefe de Obra

Como comentaba anteriormente, las prácticas se dividieron en dos turnos: De enero a marzo de 2014 y de abril a junio del mismo año. A mi me tocó el segundo turno, y las expectativas no eran muy buenas. Por lo que nos contaban los compañeros del primer turno, la obra era una vorágine y no había tiempo de enseñar a los cachorros. Y menos aun siendo becarios sin remuneración ni (a priori) proyección en la empresa.

El primer turno

Cuando terminó el primer turno no se había contratado a nadie y, en general, el sentimiento era de perdida de tiempo. Para mas INRI, a mi me toco una obra en Boadilla del Monte, una de las últimas paradas del metro ligero. Desde casa, tardaba ¡Una hora y media! en llegar al «trabajo». Ademas, los rumores eran ciertos:  El equipo de obra tenía mucho que hacer y poco tiempo, por lo que al becario se le dedicaba el buenos días y el hasta luego.

Primer dia de practicas

Primer dia de practicas

Siguiendo con el cumulo de «cons», el compañero que había estado en esta obra en el primer turno había tenido un par de problemas con el equipo de obra. Por esta razón, estos estaban un poco recelosos de delegar cualquier tipo de tarea en un becario. Ante este cumulo de adversidades, me quité la idea de acabar contratado en esta empresa: El escenario no estaba para lucirse. En cualquier caso, decidí mejorar mi posición tanto como pudiera dentro del equipo. Ya que tenía que pasar allí unas 20 horas a la semana, al menos intentaría tener cosas que hacer para no aburrirme.

El primer mes: La ayudante de Jefe de Obra

Empezamos con el capitulo de los «pros». El equipo de obra se componía de Jefa de Obra, Encargado, Jefe de Producción, Ayudante de Jefa de Obra y Capataz. La primera suerte fué la ayudante, una arquitecta muy inteligente y trabajadora, algo mas joven que yo, que se apiadó de mi situación. En el primer mes y después de unos primeros días de toma de contacto, me llevaba en sus visitas a obra, me mandaba pequeñas tareas (algún plano, fotocopias, mediciones), me enseñaba como se hacía su trabajo, etc.

Gracias a sus atenciones, se hizo patente que yo podía hacer la O con un canuto. Se dieron cuenta rápidamente que mi actitud no era la misma que la del becario al que venía a reemplazar. Sin embargo, las primeras semanas me aburrí bastante. El resto de elementos del equipo no me prestaban la mas mínima atención.

El segundo mes: El encargado de Obra

Con la ayudante cogí el habito de visitar la obra cada día. Llevaba un diario de lo que hacíamos y documentaba todo con fotos. A las pocas semanas ya salía solo. Curiosamente, esto no es normal entre los becarios de obra. Por lo visto, tienen la mala costumbre de enclaustrarse en la caseta con el ordenador. También suelen ser mas jóvenes y no siempre tienen interés por quedarse en la empresa. El interés que puse por el trabajo de campo llamó la atención del encargado. A los encargados les encanta que te intereses por su territorio.

Este hombre era (es, sigue en la empresa) un veterano del oficio. De unos 50 y largos, con muchos tiros pegados, estricto y excepcional en lo suyo. Una vez se percató de que no era el «típico» becario, tuvo el detalle de interesarse por mi e intentar sacar provecho de mi estancia. Me enseñó a revisar replanteos, a comprobar niveles, a organizar tajos. Me pedía ayuda para interpretar planos e incluso que le dibujara algunos. Recuerdo con mucho cariño los ratos que me dedicó y lo mucho que aprendí con el. En mi antiguo oficio es fundamental mantener el contacto con la obra y no encerrarte en la caseta.

A finales de ese mes ya comprobaba algún replanteo yo solo, revisaba la colocación de acero en forjados, llevaba el control de recepción de algunos materiales, etc. Me hice mi huequito en el equipo. Con mi puñado de asignaciones me daba como para no dar mi tiempo por perdido. Ademas, resultó que la jefa de obra vivía en el barrio del pilar, como a unos 5 minutos de mi casa. Dado el tamaño de Madrid, era una coincidencia prodigiosa. Aproveché esta circunstancia para intentar ir y/o volver de la obra con ella, que se desplazaba en su coche. Ahorraba bastante tiempo y, ademas, tenía 20 minutos en cada trayecto para venderme y trabajar mi relación con ella. Por contra, debía ajustarme a los horarios de entrada y salida del equipo, de 7:00 a 18:00.

Tercer mes: La jefa de obra

Este tercer mes empezó con la noticia de que la ayudante dejaba la empresa. Quería preparar una oposición para el cuerpo de arquitectos del ayuntamiento de Madrid. En principio no me gustó, porque perdía una de mis principales fuentes de tareas. Sin embargo, empecé a fantasear con la idea de que me tomaran a mi como reemplazo. Un compañero del primer turno había sido contratado por la obra en la que estuvo de becario, y a las pocas semanas incorporaron a otra. No era un gran porcentaje de contratación, pero pintaba bien.

Rápidamente me quitaron la idea de la cabeza. No se planteaba ninguna incorporación en Boadilla. Sin embargo, el abandono de la ayudante dejó una serie de tareas huérfanas. Gracias a esta circunstancia, y a la buena relación que mantenía con la jefa debido a los viajes en coche, esta empezó a prestarme la misma atención que me habían prestado ayudante y encargado con anterioridad. Mis atribuciones se dispararon. Estas eran, ademas, cada vez mas serias: Diseñar cruces de instalaciones o gestionar listas de repasos, por ejemplo. A finales de mayo se acabaron las clases y solo quedaba el trabajo de fin de master. Así que adopté el horario del equipo de obra durante las últimas tres semanas de practicas. Unas 45 horas semanales sin remunerar. Un tour de force en pro de la remotisima posibilidad de un contrato laboral. Había que intentarlo.

La luz

Me quedaban unas dos semanas de prácticas. Un día, durante el desayuno, el Jefe de producción me comentó una noticia increíble: La empresa había cerrado una obra en Almería. Rápidamente empezamos a bromear sobre que, obviamente, me iban a contratar en la misma. Debido a que llevaba tantísimo tiempo metido en el papel de «pobre graduado no encuentra trabajo» ni siquiera consideré que eso fuera una posibilidad. Y así pasamos el día.

Sin embargo, en el viaje de vuelta a casa, la jefa de obra me dijo que poca broma: Iba a hablar con el director de producción. Y yo con el jefe de obra. Y lo íbamos a mover. Esa semana se lo comentó al susodicho jefe de departamento y me dio el correo del jefe de obra que iban a mandar a Almería. Hice llegar a este mi curriculum y me puse a su disposición, gesto que agradeció. La cosa quedó en un ya te llamaremos. Unas semanas despues, mediado de Junio, terminó mi periodo de prácticas. Quedaron muy agradecidos con mi labor, yo por su tiempo y así terminé en Boadilla, con la esperanza de que cristalizara aquel «ya te llamaremos».

El Trabajo Fin de Master

Dado que había invertido la primavera en las prácticas, no me dio tiempo a terminar el trabajo fin de master  para la convocatoria de Junio. Así que dediqué mi verano a terminar mi investigación sobre el impacto económico y energético de la domotización en una pequeña vivienda. En principio el proyecto incluía la ejecución de la instalación y mediciones. Sin embargo, fuimos muy optimistas y finalmente me hube de conformar con un trabajo teórico.

No obstante, la experiencia fue muy interesante. Aprendí toneladas de cosas sobre domótica que desconocía, particularmente del estándar KNX. Tras un caluroso verano en Madrid y un septiembre de locos, el 2 de Octubre se fijó mi día de exposición.

Cómo, ahora sí que sí, acabé en la obra

Unos días antes de la exposición, en plena vorágine de retoques al trabajo, preparar powerpoint, ensayar discurso… Me llamó un teléfono desconocido. Lo descolgué con un palpito. Me dijo que era el jefe de obra del proyecto de Almería, que habíamos hablado hacía unos meses. Habían pasado el verano sorteando trabas, burocracias, boicots, etc. Pero que finalmente empezaban en dos semanas. Me contó su visión del proyecto y de la empresa. Y, que si me interesaba, tenía una cita en las oficinas de la empresa el 3 de Octubre para que me propusieran una relación laboral.

Estábamos en Septiembre de 2014. Hacía aproximadamente diez ¡DIEZ! años que había empezado la carrera, y unos tres desde que la terminé. Obviamente, le dije que allí estaría sin falta.

Días previos

Dado que estábamos a final de Septiembre, tenía que dejar el piso de Madrid antes de acabar el mes. El día 28 recogí todas mis cosas, cargué un coche que me prestó mi tío e hice la mudanza rumbo a Almería. El 29 se casó mi prima, una fiesta bastante larga e intensa, y acabé bastante resfriado. El 30 por la noche estaba de nuevo en Madrid, repasando mi exposición con fiebre y agotado. El día 2 fui a la facultad, todavía bastante jodido de salud, a explicar al tribunal seis meses de trabajo en apenas quince minutos, mas un turno de preguntas. Mi exposición fue de fabula. Mas tarde ese día mi tutor me felicito por whatsapp: Fui calificado con un sobresaliente.

El día 3 cogí el metro por la mañana, destino Alcorcon, a las oficinas de la constructora. Mas nervioso que nunca antes, aun con algo de mareo, sudor frío por la fiebre y sin la mas remota idea de que me iba a encontrar. Muy amable, el supuesto ogro que era el director de producción se mostró muy cercano. Me habló de lo bien que hablaban de mí en la obra de Boadilla y del potencial que veía en mi perfil. También me habló de la obra y del interés estratégico de la empresa en Andalucía.

Me ofrecierón un contrato de practicas a jornada completa como Ayudante de Jefe de Obra. No era un pelotazo, pero era coherente con la situación que estaba pasando el sector. Me pasó con el departamento de documentación, donde formalizamos los flecos y, a partir de aquel día, pasé a formar parte de la disciplina de Arpada. Era un martes, el jueves de aquella semana fué mi primer día con mis nuevos compañeros en Almería.

Fin

Y bueno, así fue como, tras diez años estudiando, conseguí mi primer contrato formal para trabajar en la construcción. Realmente el viaje que quiero describir en este blog ni siquiera ha empezado, con este relato he descrito cómo llegué al punto de partida. Si alguien ha tenido la paciencia de leerse esta serie de entradas, simplemente agradecerle el interés. En sucesivas, entraré en por qué después de tanto esfuerzo por entrar, decidí salir de este mundo de la construcción, y hacia donde voy desde allí.

Un saludo

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